17 de junio - Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

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Existe una estrecha relación entre los medios de subsistencia y el bienestar del ecosistema. Los suelos que son saludables son generadores de vida y, sin embargo, la salud del suelo depende grandemente de cómo los seres humanos utilizan la tierra. La manera como tratemos a nuestros suelos influye en la calidad y la cantidad del alimento que consumimos, a la vez que determina cómo el ecosistema nos ha de servir. Nuestra interdependencia ecológica cada vez mayor también significa que mejorar los suelos en un lugar mejor la vida en todas partes.

En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía (resolución 49/115) para fomentar la conciencia pública sobre el tema, así como también la puesta en acción de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) en aquellos países afectados ya sea por graves sequías, por desertificación, o por ambas, en particular en África.

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Antecedentes

La desertificación es una cuestión mundial, con graves consecuencias para la seguridad de los ecosistemas, la erradicación de la pobreza, la estabilidad socioeconómica y el desarrollo sostenible a nivel mundial. Comparadas con indicadores del bienestar humano y el desarrollo, que incluyen el producto nacional bruto per cápita, el acceso al agua apta para el consumo y el saneamiento apropiado, así como la mortalidad de lactantes, las personas que viven en tierras secas —aproximadamente el 90% de las cuales están en los países en desarrollo— se encuentran muy rezagadas respecto del resto del mundo.

Las personas pobres que viven en zonas de tierras secas tienen que hacer frente a múltiples problemas de pérdidas de ingresos, inseguridad alimentaria, deterioro de la salud, sistemas de tenencia de la tierra inseguros y derechos de acceso a los recursos naturales, y falta de acceso a los mercados. A menudo, las escasas oportunidades de subsistencia los obligan a migrar a zonas no afectadas por la desertificación en busca de una vida mejor.

La frecuencia e intensidad cada vez mayores de las sequías resultantes del cambio climático previsto podría exacerbar aún más la desertificación. A ese respecto, la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación en los países afectados por sequías grave o desertificación, en particular en África, ofrece una plataforma para la adaptación, la mitigación y la resiliencia.

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Hechos y cifras

.- Según el informe GEO 4, unos 2.000 millones de personas dependen de los ecosistemas en las zonas secas y el 90% de ellas vive en los países en desarrollo.

.- A nivel mundial, más del 30% del total de los suelos es árido, y de éste, el 30% está degradado y es especialmente susceptible a la desertificación.

.- Anualmente, a nivel mundial se pierden entre 20.000 y 50.000 kilómetros cuadrados de tierras, especialmente debido a la erosión del suelo.

.- En todo el continente africano, las tierras áridas que son vulnerables a la desertificación o afectadas por ésta ocupan prácticamente el 43% de la región.

.- Se ha previsto que para 2025 se perderán las dos terceras partes de las tierras cultivables en África.

.- Actualmente la degradación del suelo está provocando la pérdida de un promedio de más del 3% anual del producto interno bruto derivado de la agricultura en el África al sur del Sáhara.

.- Más de la mitad de las tierras de cultivo de África quedarán fuera de uso para el año 2050, y la región sólo alcanzaría a alimentar al 25% de su población en 2025.

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Mensaje del Secretario General - 17 de junio de 2011

Las poblaciones que habitan las tierras áridas, que ocupan más del 40% de la superficie terrestre del planeta, se cuentan entre las más pobres del mundo y las más vulnerables frente al hambre, pues a menudo dependen de tierras degradadas en las que la productividad ha caído por debajo de los niveles de subsistencia. En los esfuerzos mundiales para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio, debemos prestar una especial atención a los desafíos que afrontan estos mil millones de hombres, mujeres y niños olvidados.

Este año, la celebración del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación coincide con el Año Internacional de los Bosques (2011) declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas para concienciar a la comunidad global acerca del valor de los bosques y del acusado costo social, económico y ambiental que supone su pérdida. Este esfuerzo es especialmente pertinente en lo que se refiere a las zonas áridas, donde los bosques secos y las áreas de arbustos son la base de este tipo de ecosistemas. El 42% de los bosques tropicales y subtropicales son bosques secos. Las prácticas insostenibles de ordenación de la tierra y agrícolas son dos de las principales causas de su agotamiento, así como de la inevitable degradación y desertificación subsiguiente. Por desgracia, muchas comunidades o autoridades solo son plenamente conscientes de la importancia de los bosques secos para el bienestar y prosperidad de la sociedad cuando estos ecosistemas ya se encuentran amenazados.

La gestión, la conservación y el desarrollo sostenible de los bosques secos son esenciales en la lucha contra la desertificación. El reverdecimiento en curso del Sahel y otros ejemplos exitosos en todo el mundo demuestran que las tierras degradadas pueden recuperarse para la agrosilvicultura y otras prácticas sostenibles. Es preciso que aumentemos la envergadura de estas intervenciones y demos amplia difusión a sus resultados.

Debemos igualmente recompensar a aquellos que han transformado las zonas áridas en tierras productivas, de modo que prosperen y otros deseen seguir su ejemplo. Los recursos ya acordados en el contexto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, como REDD-plus y el Fondo Verde para el Clima, pueden contribuir en gran medida a mejorar la capacidad de recuperación de las poblaciones de las zonas áridas, quienes están llamadas a ser las peor y más tempranamente afectadas por el cambio climático. Con demasiada frecuencia, invertir en las zonas áridas se ha considerado infructuoso o arriesgado, y no como un resorte necesario para mejorar el bienestar de las comunidades locales y las economías nacionales. Nuestro reto consiste en cambiar estas percepciones para que las zonas áridas dejen de ser desiertos de inversión.

El próximo mes de septiembre, la Asamblea General convocará una reunión de alto nivel sobre desertificación, degradación de las tierras y sequía en vísperas del sexagésimo sexto período de sesiones de la Asamblea General. El próximo año, los líderes mundiales asistirán a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20). Insto a los gobiernos y a sus socios a que aprovechen estas ocasiones para prestar una mayor atención a la búsqueda de soluciones para el imperioso desafío del desarrollo sostenible.

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Para saber más:

.- Documentos

.- Informes del Secretario General

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