"Primavera Silenciosa" de Rachel Carson

"Primavera Silenciosa" (o "Silent Spring", título original en inglés) es un libro de Rachel Carson publicado en 1962 que advertía de los efectos perjudiciales de los pesticidas en el ambiente y culpaba a la industria química de la creciente contaminación. Muchos científicos calificaron el libro de fantasioso, pero para muchas personas se trata del primer libro divulgativo sobre ecologismo y se ha convertido en un clásico de la concienciación ecológica.

Otros apoyaron a la autora, y consiguieron que el Departamento de Agricultura revisara su política sobre pesticidas y que el DDT fuera prohibido por la legislación de los Estados Unidos.

En 2006, "Primavera Silenciosa" fue considerado uno de los 25 libros de divulgación científica más influyentes de todos los tiempos por los editores de Discover Magazine.

"La cuestión es si alguna civilización puede desencadenar una guerra implacable sin destruirse a sí misma y sin perder el derecho a llamarse civilización"... "La osadía de creernos capaces de manipular impunemente la vida y la naturaleza nos ha llevado a activar una guerra silenciosa cuyas consecuencias no somos capaces de imaginar, mucho menos de prever".

A mediados de 1950 los esquimales no sabían qué era padecer cáncer. En los sesenta se encontraron trazas de plaguicidas en su organismo y empezaron a aparecer los primeros casos de esta enfermedad. En las últimas décadas, los problemas de fertilidad en parejas jóvenes han aumentado progresivamente, y se ha producido una caída en picada del nivel de espermatozoides; al mismo tiempo, la tasa de cáncer de mama asciende de forma preocupante. Algo está pasando en los mecanismos de reproducción sexual y gran parte del problema está relacionada con sustancias tóxicas provenientes de plaguicidas que permanecen en nuestros cuerpos. Es lo que se conoce como "disruptores hormonales", es decir, la combinación de sustancias químicas que en nuestro organismo pueden actuar como hormonas artificiales, alterando la reproducción. Así lo destapó en 1962 la bióloga norteamericana Rachel Carson en su "Primavera Silenciosa", best-séller que fundó las bases del ecologismo moderno. Por primera vez se habló del peligro de usar DDT y otros productos químicos usados como pesticidas. Lo más alarmante no era únicamente su toxicidad, sino también su capacidad para persistir en los organismos por medio de la acumulación en los tejidos grasos.

En una población en la que se pulverizaron las tierras con DDT para acabar con una invasión de escarabajos se inició un proceso de fatales consecuencias. Los escarabajos medio muertos atrajeron a los pájaros insectívoros, la lluvia arrastró los componentes químicos, los cuales afectaron a las lombrices y contaminaron los charcos donde bebían diferentes aves. Ardillas, ratas almizcleras, conejos o zorras tigrillo fueron los siguientes en morir. Los pájaros que sobrevivieron quedaron estériles, ya que el DDT impide que la cáscara de los huevos se endurezca, con lo que se rompían antes de su ciclo natural. Los gatos desaparecieron. A medida que el DDT iba escalando niveles tróficos, aumentaba su concentración en tejidos animales. Éste no es un relato de ciencia ficción, ni el guión de una película catastrofista. Sucedió en Sheldon, Estados Unidos, durante la cruzada que se llevó a cabo para exterminar al escarabajo japonés desde 1954 hasta 1961.

Rachel Carson escogió el título para su libro porque quiso remarcar que, de seguir así, podríamos vivir una primavera sin pájaros, o sea silenciosa. Sin embargo, una de las críticas que recibió el libro fue: "Silencio, Señora Carson". Y silencio es el arma que usaron y todavía usan los fabricantes de insecticidas al atenerse a las leyes sobre secretos comerciales para que el público no pueda acceder a la composición de sus productos. Silencio es también la opción que escogen los gobiernos al autorizar las engañosas campañas publicitarias de las grandes industrias químicas y permitir que el volumen de plaguicidas a nivel mundial continúe aumentando. Silencio es el instrumento para enviar aún partidas de DDT a zonas remotas de países en vías de desarrollo.

En los años sesenta, emerge la conciencia ambiental a raíz del texto de Rachel Carson: "Primavera silenciosa", y se extiende hasta los años setenta, luego de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, celebrada en Estocolmo, Suecia, en 1972. En ese entonces se señalan los límites de la racionalidad económica y los retos que genera la degradación ambiental al proyecto civilizatorio de la modernidad. La práctica económica generó la escasez global de recursos y se consideró que ya no era resoluble mediante el progreso técnico, la sustitución de recursos escasos por otros más abundantes o por el aprovechamiento de los espacios no saturados destinados para la disposición de los desechos generados por el crecimiento desenfrenado de la producción y el consumo. El discurso del desarrollo sostenible se fue legitimando, oficializando y difundiendo ampliamente a raíz de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro, Brasil, en 1992.

El saber ambiental ocupa un lugar en el vacío dejado por el progreso y la racionalidad científica, como síntoma de su falta de conocimiento y como signo de un proceso interminable de producción teórica y de acciones prácticas orientados por una utopía: la construcción de un mundo sustentable, democrático, igualitario y diverso.

La degradación ambiental se manifiesta como síntoma de una crisis de civilización, marcada por el modelo de modernidad regido bajo el predominio del desarrollo de la razón tecnológica por encima de la organización de la naturaleza. La degradación ambiental vino a cuestionar las bases mismas del sistema de producción y al sistema económico de la llamada modernidad para exigir la creatividad humana para la construcción de futuros posibles con base en los límites de las leyes de la naturaleza, en los potenciales ecológicos para poder convivir con la naturaleza.

A diez años de la Conferencia de Estocolmo, los países subdesarrollados y en particular América Latina, se vieron atrapados en la crisis de la deuda externa, cayendo en graves procesos de inflación y recesión. La recuperación económica se impone como prioridad y razón de fuerza mayor de las políticas gubernamentales. En ese proceso se configuraron los programas neoliberales de diferentes países y al mismo tiempo crecieron y se agravaron los problemas ambientales mientras empezó a caer en desuso el discurso de ecodesarrollo y a ser suplantado por el discurso del “desarrollo sostenible”. Si bien muchos de los principios de ambos discursos son afines, las estrategias de poder del orden económico dominante han ido transformando el discurso ambiental crítico para someterlo a los dictados de la globalización económica.

Las estrategias de apropiación de los recursos naturales en el proceso de globalización económica han transferido el discurso del desarrollo sostenible al discurso del crecimiento sostenible. Pero siguen las manifestaciones del crecimiento sostenible: la explotación económica de la naturaleza, la degradación ambiental, la desigualdad social de los costos ecológicos y la marginación social que persisten a pesar de la ecologización de los procesos productivos y la capitalización de la naturaleza.

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